Chica joven de zona rural
Me llamo Isabel, tengo 17 años, estudio 2º de bachillerato y soy diabética desde que tenía 10.
Quiero compartir mi vivencia con los demás jóvenes ofreciendo mi testimonio como diabética y demostrar que la diabetes es una enfermedad que te permite llevar una vida totalmente normal.
Dos horas antes de que el médico me diagnosticara que padecía diabetes yo me había comido un buen tazón de leche con cereales de chocolate. Así, cuando llegué al hospital San Pedro de Alcántara y me hicieron el control de glucemia, tenía más de 400, “por poco estallo la maquinita”.
En aquellos momentos yo no sabía muy bien qué era eso de la diabetes, pues, aunque lo había oído en los medios de comunicación, nunca me había parado a pensar en qué consistía esa enfermedad. Al principio era todo un poco raro; pinchazos en los dedos, pinchazos en las piernas, 40 gramos de pan, 70 de patatas, 30 de arroz… Todo era agobiante, pero poco a poco me fui dando cuenta de que la diabetes era algo con lo que tendría que convivir el resto de mi vida y que del buen control de la misma dependía mi salud. Así que tardé poco en decidir que seguiría lo más estrictamente posible las indicaciones de mi médico, el Dr. Arroyo, al que doy las gracias por haberme orientado en esta larga carrera, ayudándome a conocer esta enfermedad y cómo llevarla de la forma más beneficiosa para mi salud.
También quiero dar las gracias a todas las enfermeras de pediatría que me cuidaron y especialmente a Inmaculada y a Mercedes, que me familiarizaron primero con las características de la diabetes y luego me ayudaron a establecer hábitos saludables, haciéndome sentir que no estoy sola en esta lucha, porque, siempre que las he necesitado, ellas estaban allí.
Quiero resaltar que en estos siete años que llevo conviviendo con la diabetes son muy importantes dos aspectos: no ocultarla, y que las personas de tu entorno la conozcan y sepan qué hacer en cualquier situación. En mi caso, tanto familiares como amigos saben cómo reaccionar cuando me surge algún problema, tal que una hipoglucemia por ejemplo.
Me siento afortunada de tener unos amigos que se preocupan en todo momento de que yo no me sienta distinta por que no beba alcohol o por que no fume pero siempre tienen presente que soy diabética para que no cometa un “desliz” perjudicial para mi enfermedad.
Vivo en Mata de Alcántara, un pueblito de unos 400 habitantes, a 60km de Cáceres.
El vivir en un pueblo no ha condicionado, en gran medida, mi vida como diabética ya que hago una vida totalmente normal gracias a que en el centro de salud de mi pueblo me han proporcionado toda la información, el material y la asistencia médica que he necesitado a lo largo de estos 7 años.
También recibo información de la asociación de diabéticos a la que pertenezco, a través de revistas, charlas... Y, sobre todo, los campamentos, que considero que son muy importantes para que el diabético vea que hay muchos jóvenes que son como él, adquiera autonomía y no dependa totalmente de su familia.
Las limitaciones que pueda tener vivir en un pueblo pequeño, como, por ejemplo, las posibilidades de realizar una actividad física continuada, se suplen con la posibilidad de vivir una vida tranquila, sin el estrés que tienes que soportar en las ciudades. Además, me permite practicar el paseo diario en un ambiente limpio y saludable.
No puedo terminar este artículo sin agradecer a mis padres y mi hermano el que en todo momento hayan estado a mi lado aprendiendo y compartiendo conmigo todo lo necesario para que yo lleve una vida lo más saludable y feliz posible.
Finalmente quiero dar las gracias a Higinio, que ha hecho posible que yo pueda compartir mi vivencia y hacer ver que las personas con diabetes podemos llevar una vida totalmente normal.
Un saludo.
Isabel Barrantes Durán